INTEGRACIÓN CONTRACTUAL
Pensaba no hacerlo, pero ya sabéis que entre todos esos defectillos que tengo por ahí, hay uno que no puedo controlar, y es que siempre entro al trapo. No creáis, intento resistirme pero me cuesta; y, en ocasiones, hasta me da rabia, sobre todo cuando es Mariano Rajoy quien me hace caer en la tentación.
Parece ser que si ganan los populares habrá una nueva modalidad contractual en nuestro país, pero dedicada solamente para los extranjeros. Yo me atrevería a puntualizar más, para los ciudadanos no comunitarios y a ser posible procedentes de países donde no existe el sobrepeso y donde los ciudadanos no hacen turismo.
España se ha convertido en los últimos años en un país atractivo para aquellas personas que abandonan su tierra en busca de un futuro con más posibilidades. Este fenómeno migratorio es una constante en Europa desde hace décadas pero en nuestro país todavía muestra su juventud. Por eso algunos responsables políticos osan tratar este tema desde la más absoluta inmadurez e inexperiencia.
Pero esa “juventud” en la inmigración puede unirse a nuestra “madurez” en la emigración. Los españoles, como bien sabemos en carne propia los asturianos, sufrimos el éxodo provocado por la pobreza, la miseria y las represiones políticas. El admirable esfuerzo que asturianos y asturianas tuvieron que hacer, y aún hacen, para integrarse en los países que los acogieron tiene que servirnos para reflexionar sobre cómo ha de ser nuestro comportamiento con aquellos que vienen a trabajar a nuestra tierra.
Sobran los planteamientos negativos que sitúan la inmigración únicamente como problema porque fomentan el rechazo de los que vienen y siembran actitudes xenófobas. La tolerancia y el aprendizaje mutuo entre los que vienen y los que aquí estamos, tienen que ser las pautas para lograr una convivencia enriquecedora para unos y otros.
Las políticas migratorias giran en torno a la integración, pero también a lucha contra la inmigración ilegal y sus consecuencias: marginación y explotación. El trabajo es difícil y duro porque afecta directamente a las personas que vienen a nuestro país en busca de una vida mejor. Muchas veces son víctimas de las redes de tráfico de inmigración ilegal que se aprovechan de la situación desesperada que sufren estos hombres y mujeres para lucrarse de una manera cruel e injusta.
La ley es el único contrato que en un Estado de Derecho sirve, y es la que la mayoría de ciudadanos extranjeros cumplen todos los días en nuestro país. La cumplen cuando cotizan, cuando pagan sus impuestos, cuando crean riqueza y cuando hacen gasto. Y la cumplen, como no, cuando ejercen sus derechos, cuando escolarizan a sus hijos y cuando van al médico o cuando practican su cultura.
En esta legislatura se llevó a cabo el proceso normalización de más de 700.000 personas que trabajaban sin derechos en nuestro país. 60.000 euros recibía el Gobierno del Principado del Estado para políticas de integración de inmigrantes, ahora son más de dos millones de euros. Esta es, sin duda, la mejor manera de integrar a los extranjeros en nuestra sociedad, y no con formulismos cuasi jurídicos llenos de demagogia y oportunismo.
Pero no sólo los Gobiernos tienen responsabilidad en esta materia, todos y cada unos de nosotros debemos construir espacios de entendimiento y de conexión, en los colegios, en las asociaciones, en los lugares de ocio o de prácticas de deporte. Así que, no os permitais entrar en ese discurso tan casposo, y no no seais de los que son incapaces de ver que en la variedad está el gusto.